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Capítulo Uno; Escena Cinco

Salvatore Masiello, muy descansado a estas horas de la mañana, baja las escaleras del hostal y divisa la escena; un desconocido acariciando una dulce melodía que mana de la guitarra que sujeta con firmeza, pero a la vez con suavidad, y a través de la puerta que da a la calle, que está de par en par, ve como un chico y una chica hablan aunque es imposible oir que dicen...

La mañana en Bermeo ha abierto con un cálido sol, y todas las emisoras de radio y televisión, en su sección de las previsiones del tiempo, lo anuncian de buen agrado, para intentar devolver la alegría al pueblo, que desde hace un día los ha sumido en un ambiente de consternación y desamparo, de incertidumbre y miedo...

Las noticias no se saltan tampoco el hecho ocurrido pero apenas dan datos concretos ya que no saben con certeza lo que ocurrió y no quieren contribuir con más alarmismo;

El coche encontrado a las afueras de la localidad no parece tener signos de violencia. Las autoridades competentes están haciendo todo lo que está en su mano para agilizar todos los procedimientos adecuados, en vias de hallar algo que sirva para tirar del hilo y tener algo por donde empezar las investigaciones...

El Sargento Rodriguez no ha querido hacer declaraciones hasta que no se esclarezca un poco más el caso del coche abandonado...

La denuncia de una niña desaparecida posiblemente abra las vías de investigación hacia una nueva posibilidad...

Mientras se oyen estas y otras noticias de fondo, Salvatore se dispone a salir del hostal pero con la mala suerte de que el viejo portero que estaba ordenando un poco la recepción, no lo ve y tropiezan. La placa que llevaba Salvatore bajo su gabardina cae al suelo ocasionando tal estrépito que es inevitable que todos miren, la guitarra de Kobe deje de sonar y que, tanto Erinia como Aiko, salgan de sus habitaciones y corran a la entrada a ver lo que ha pasado...

Salvatore enrojece pero no se inclina a recoger la placa del suelo, presa de la vergüenza mientras todos los presentes se acercan, escudriñando el objeto minuciosamente...

Esperamos tener noticias en breve que aporten algo de luz al caso del coche abandonado, muchas gracias. Buenos días.

1 comentarios:

Eva BSanz

Bonjour... Je voulais séduire.

Soy la muerte quien seduce.
con el beso de la araña.
Soy la muerte quien te atrapa.
con las garras del infierno.
Soy la muerte quien provocas.
en silencio proclamado.
Soy la muerte quien te arranca.
El aliento de tu Alma.

Bonjour... Je voulais séduire.

Soy la muerte quien vigilia.
Con el beso prometido.
Soy la muerte sigilosa.
Con el mal en mis colmillos.
Soy la muerte que tu buscas.
Con las llamas perfumadas.
Soy la muerte quien desgarra.
El abismo de tu Alma.

Bonjour... Je voulais séduire.

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